Salud en Casa.- ¿Está nublado, hace frío y no hay sol? Eso no significa que puedas prescindir del protector solar. La radiación ultravioleta (UV) puede atravesar las nubes y mantener la piel expuesta, incluso cuando la sensación térmica hace pensar lo contrario. La exposición acumulada y sin protección puede favorecer la aparición de manchas, envejecimiento prematuro y otros daños en la piel.
“El calor y la radiación ultravioleta no son lo mismo. Podemos estar expuestos a los rayos UV en un día fresco, con neblina o aparentemente gris. Por eso, la protección solar debe ser un hábito cotidiano y no depender de si vemos un sol intenso”, explica la Mg. Raquel Quincho, coordinadora académica de la carrera de Cosmiatría de la Escuela de Belleza y Estética Carrión.
Aunque una exposición ocasional puede no generar consecuencias visibles de inmediato, el efecto de la radiación UV es acumulativo. Con el tiempo puede contribuir a la aparición de manchas, arrugas prematuras, pérdida de firmeza y alteraciones de la pigmentación. La exposición excesiva también está asociada a un mayor riesgo de cáncer de piel.
Los errores que reducen la protección
Para la especialista, uno de los principales problemas no es solo olvidarse del protector solar, sino utilizarlo de manera incorrecta. Estos son algunos de los errores más frecuentes:
¿Qué protector elegir según el tipo de piel?
La recomendación es utilizar diariamente un protector solar de amplio espectro y FPS 30 como mínimo, eligiendo una fórmula acorde con cada piel. Para pieles grasas o con tendencia al acné, pueden preferirse texturas ligeras y no comedogénicas; en pieles secas, fórmulas hidratantes; y en pieles sensibles, productos sin perfume. En casos de manchas o melasma, los protectores con color pueden aportar protección adicional frente a la luz visible.
El producto debe aplicarse antes de la exposición y reaplicarse durante el día, especialmente ante sudoración, contacto con el agua o exposición prolongada al aire libre. Sombreros de ala ancha, lentes con protección UV y prendas que cubran la piel complementan la fotoprotección.
“La protección solar debe convertirse en un hábito y no en una medida que utilizamos únicamente cuando vamos a la playa. Mantenerla durante todo el año ayuda a reducir el daño acumulativo de la radiación y a cuidar la piel a largo plazo”, concluye la especialista de la Escuela de Belleza y Estética Carrión.