Salud en Casa.-El cáncer de próstata es la neoplasia más frecuente entre los hombres en el Perú y registra aproximadamente 8.526 nuevos casos al año, con una tasa estimada de 40,7 diagnósticos por cada 100.000 habitantes. En América Latina y el Caribe, además, fue el cáncer más diagnosticado en la población masculina durante 2022 y representó cerca del 30% de los nuevos casos de cáncer entre los hombres. (OPS)
Pese a esta alta incidencia, uno de los principales problemas continúa ocurriendo antes de llegar al consultorio. Muchos hombres postergan los controles porque no sienten dolor, no presentan dificultades para orinar o temen someterse al tacto rectal. Sin embargo, el cáncer de próstata suele avanzar sin síntomas durante sus primeras etapas.
Especialistas reunidos en Lima durante ONConnecta Latam 2026, Congreso Regional de Cáncer de Próstata que congregó a cerca de 250 profesionales de la salud, señalaron que la detección debe apoyarse principalmente en dos evaluaciones: el análisis de antígeno prostático específico, conocido como PSA, y el tacto rectal.
Ambos exámenes aportan información distinta. Por ello, realizarse únicamente una prueba de sangre puede generar una falsa sensación de seguridad.
Por qué el PSA no basta por sí solo.
El PSA es una proteína producida por la próstata que puede medirse mediante un análisis de sangre. Cuando sus valores están elevados, el resultado puede alertar sobre la necesidad de continuar la evaluación, pero no confirma automáticamente la presencia de cáncer.
La cifra también puede aumentar por una inflamación, una infección o el crecimiento benigno de la próstata. Del mismo modo, un resultado dentro de los valores esperados no descarta por completo la enfermedad. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos advierte que la prueba tiene beneficios y limitaciones y que sus resultados deben interpretarse considerando la edad, el riesgo y la historia clínica del paciente.
Según la información presentada durante el encuentro, aproximadamente el 19% de los casos de cáncer de próstata no produce una elevación significativa del PSA y puede ser identificado a partir de la evaluación física de la glándula.
El tacto rectal permite al médico evaluar la forma, consistencia y posibles irregularidades de la próstata que no necesariamente se reflejan en la prueba de sangre. De ahí que el PSA y el examen clínico sean considerados evaluaciones complementarias y no pruebas intercambiables.
Un examen breve convertido en barrera cultural.
El tacto rectal continúa siendo uno de los principales motivos por los que algunos hombres evitan la consulta urológica. La vergüenza, el temor al dolor y los prejuicios relacionados con la masculinidad han convertido una evaluación médica breve en una barrera para la detección oportuna.
Los especialistas explicaron que se trata de un procedimiento rápido, realizado en el consultorio y que puede generar una incomodidad momentánea, pero no debería causar dolor cuando se practica correctamente.
El problema trasciende al examen. A diferencia de muchas mujeres, que incorporan consultas ginecológicas periódicas desde la adolescencia o el inicio de su vida adulta, numerosos hombres dejan de tener controles regulares después de la etapa pediátrica y pueden pasar décadas sin una evaluación preventiva.
Este “vacío” en la atención masculina hace que muchos regresen al sistema de salud recién a los 40 o 50 años, o cuando aparece una molestia. En el cáncer de próstata, esperar a sentirse enfermo puede significar perder una oportunidad importante para identificar la enfermedad en una fase inicial.
“El cáncer de próstata puede avanzar sin generar síntomas y ninguna evaluación aislada permite comprender por completo el riesgo de una persona. El PSA y el tacto rectal aportan información complementaria, por lo que los mitos o prejuicios frente a uno de estos exámenes no deberían impedir una detección oportuna”, señaló el Dr. Juan Sebastián Franco, director médico de Bayer para Países Andinos, Centroamérica y Caribe.
¿A qué edad deben comenzar los controles?
La edad para conversar con el médico sobre una evaluación prostática depende del nivel de riesgo. Como referencia general, los controles pueden comenzar alrededor de los 50 años en hombres sin antecedentes conocidos.
En quienes presentan mayor riesgo, la conversación debe iniciarse antes:
BRCA2 es un gen que normalmente ayuda a reparar daños en el ADN. Algunas personas heredan una alteración que impide que cumpla adecuadamente esa función y aumenta el riesgo de ciertos cánceres, entre ellos los de próstata, mama y ovario.
Esto no significa que toda persona con familiares que hayan tenido cáncer de mama u ovario sea portadora de una mutación BRCA. Sin embargo, esos antecedentes deben ser comunicados al médico, particularmente cuando se repiten en la familia, porque podrían sugerir una predisposición hereditaria que requiera una evaluación especializada o consejería genética.
Por ello, al revisar los antecedentes familiares no basta con preguntar únicamente por cáncer de próstata. También debe considerarse si la madre, hermanas, hijas u otros familiares cercanos han presentado cáncer de mama u ovario, además de otros casos de cáncer prostático en la línea familiar.
Una brecha que atraviesa América Latina.
La detección tardía no depende solo de decisiones individuales. Durante el congreso, los especialistas advirtieron que América Latina presenta diferencias importantes entre países, ciudades y sistemas de salud en el acceso a especialistas, pruebas diagnósticas y tratamientos.
Mientras algunos centros disponen de tecnologías avanzadas para determinar la extensión de la enfermedad y elegir terapias más precisas, otros enfrentan demoras para acceder incluso a una evaluación urológica. Estas brechas se profundizan entre zonas urbanas y rurales, así como entre los servicios públicos y privados.
El Dr. Paulo Lages, oncólogo brasileño, sostuvo durante su presentación que el lugar donde vive y se atiende el paciente puede influir en las oportunidades diagnósticas y terapéuticas disponibles. Su revisión regional mostró diferencias sustanciales en la incorporación de cirugía robótica, estudios de imagen y tratamientos entre los países latinoamericanos.
Estas tecnologías no son necesarias para todos los pacientes, pero su distribución desigual refleja un problema más amplio: el cáncer de próstata no se enfrenta bajo las mismas condiciones en toda la región.
El tratamiento ya no debe depender de un solo especialista.
Cuando existe una sospecha o se confirma el diagnóstico, el siguiente desafío es definir la estrategia más adecuada para cada persona. El cáncer de próstata puede evolucionar de formas muy distintas y no todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento.
Por esa razón, los especialistas destacaron la importancia de los equipos multidisciplinarios, integrados según cada caso por urólogos, oncólogos médicos, radiólogos, patólogos, especialistas en medicina nuclear, genetistas, profesionales de enfermería y equipos de apoyo psicológico.
El Dr. Francisco Rodríguez-Covarrubias, jefe del Departamento de Urología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán de México, explicó que este modelo permite discutir colectivamente las alternativas, evitar decisiones fragmentadas y considerar tanto el control de la enfermedad como la calidad de vida del paciente.
La evidencia presentada durante el encuentro señala que la revisión multidisciplinaria puede modificar el tratamiento inicialmente planteado, reducir la repetición de estudios y acortar los tiempos para comenzar la atención. En algunos estudios analizados, el plan original cambió en aproximadamente la mitad de los casos, especialmente entre pacientes con enfermedad metastásica.
La participación de distintas especialidades también permite valorar los posibles efectos del tratamiento sobre la función urinaria, la vida sexual, el estado emocional y otras enfermedades que pueda presentar el paciente.
Romper el silencio antes de que aparezcan los síntomas.
Los avances médicos han ampliado las opciones para tratar el cáncer de próstata, pero los especialistas coincidieron en que ninguna tecnología puede compensar completamente una consulta que llega demasiado tarde.
La detección oportuna exige que los hombres conozcan su historia familiar, conversen con un profesional sobre la edad adecuada para iniciar los controles y comprendan que el PSA y el tacto rectal cumplen funciones diferentes.
También requiere abordar una barrera social que ha persistido durante años: la idea de que acudir al urólogo o someterse a un examen prostático afecta la masculinidad. Mientras ese temor continúe alejando a los hombres del consultorio, una enfermedad capaz de avanzar silenciosamente seguirá encontrando espacio para ser diagnosticada en etapas más avanzadas.