El cerebro también se alimenta: la nutrición como clave para aprender, recordar y vivir mejor

El cerebro también se alimenta: la nutrición como clave para aprender, recordar y vivir mejor

24 Julio, 2026

Salud en Casa.- En el marco del Día Mundial del Cerebro, que se conmemora cada 22 de julio, especialistas recuerdan la importancia de cuidar este órgano no solo desde la salud neurológica, sino también desde la nutrición. Aunque suele hablarse de la alimentación en relación con el peso, la energía o la prevención de enfermedades, pocas veces se recuerda que uno de los órganos más dependientes de lo que comemos es también el más complejo: el cerebro. Este órgano, considerado el centro de comando del cuerpo humano, permite pensar, aprender, recordar, movernos, emocionarnos y tomar decisiones. Si bien representa apenas cerca del 2% del peso corporal, puede consumir hasta el 20% de las calorías diarias, lo que evidencia su alta demanda energética y nutricional.

 

 

El Dr. Robinson Cruz, nutricionista clínico oncológico, especialista en nutrición y presidente de la Asociación Peruana de Nutrición Clínica Oncológica (ASPENCO), explica que el funcionamiento cerebral no depende del tamaño del cerebro, sino de la calidad de los factores que lo protegen y estimulan a lo largo de la vida. Entre ellos se encuentran la herencia, el descanso, el manejo del estrés, la actividad física, la estimulación intelectual y, de manera decisiva, la alimentación.

 

“El Día Mundial del Cerebro es una oportunidad para recordar que este órgano también se nutre. No basta con pensar en la comida como energía para caminar o trabajar; cada nutriente participa en procesos que influyen en la atención, la memoria, el aprendizaje y el estado de ánimo. Una mala alimentación no solo afecta el cuerpo: también puede limitar el desarrollo y el rendimiento cerebral”, señala el Dr. Cruz.

 

De acuerdo con el especialista, la nutrición cerebral empieza incluso antes del nacimiento. Nutrientes como el ácido fólico, el hierro, el yodo, la colina, el DHA, las vitaminas del complejo B y la vitamina D cumplen funciones esenciales en el desarrollo y mantenimiento del sistema nervioso. Por ello, una deficiencia nutricional durante el embarazo o la infancia puede tener efectos significativos en la capacidad de aprendizaje, concentración y memoria. Un caso especialmente relevante es la anemia, que no solo se manifiesta en cansancio o palidez, sino que también puede comprometer procesos cognitivos claves.

 

La función cognitiva es una de las más sensibles a las fallas nutricionales. La atención, la percepción, la memoria, el lenguaje y el pensamiento requieren un suministro adecuado y estable de energía. En ese sentido, el cerebro necesita glucosa, pero no en forma de picos bruscos de azúcar. Por ello, alimentos como cereales integrales, menestras, frutas enteras y productos naturales son mejores aliados que las bebidas azucaradas o los ultraprocesados, que pueden generar fatiga mental, menor concentración y bajo rendimiento.

 

Las proteínas de buena calidad también cumplen un rol importante, pues aportan aminoácidos necesarios para la formación de neurotransmisores, sustancias que permiten la comunicación entre neuronas. Carnes, huevos, lácteos, frutos secos y menestras pueden contribuir al aprendizaje, la memoria visual y la atención. A ello se suman las grasas saludables, especialmente los ácidos grasos omega 3, como el DHA, presentes en pescados de carne oscura como bonito, caballa, jurel y anchoveta, fundamentales para la estructura cerebral y el cuidado de la memoria.

 

 


 

 

 

Las vitaminas y minerales tampoco son secundarios. La vitamina B1 favorece el rendimiento general del cerebro; la B6 y la B12 participan en la producción de neurotransmisores; el ácido fólico es indispensable durante el embarazo; la colina se vincula con la memoria en la infancia; y la vitamina D viene siendo estudiada por su posible relación con el deterioro cognitivo. Además, los antioxidantes presentes en frutas y verduras ayudan a proteger las células cerebrales, mientras que una hidratación adecuada favorece la atención y el rendimiento psicomotor.

 

Para el Dr. Cruz, cuidar la nutrición cerebral no significa seguir dietas complejas, sino tomar mejores decisiones cotidianas. En un país donde la anemia, la mala alimentación y el aumento del consumo de productos ultra procesados siguen siendo desafíos de salud pública, hablar del cerebro también es hablar de educación, productividad y futuro.

 

Nutrir bien el cerebro es una inversión silenciosa, pero profunda. Cada plato puede favorecer o limitar nuestras capacidades. Y en una sociedad que busca formar mejores estudiantes, trabajadores y ciudadanos, cuidar lo que comemos es también cuidar lo que podemos llegar a ser.