Salud en Casa.- Para muchas personas, ir al dentista aún se asocia directamente con dolor, incomodidad y postergación. Este comportamiento ayuda a explicar por qué la salud bucal sigue siendo un desafío importante en América Latina. Estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPAS) indican que aproximadamente 470 millones de personas en las Américas viven con enfermedades bucales prevenibles, lo que las convierte en las afecciones más prevalentes entre las enfermedades no transmisibles en la región. Al mismo tiempo, la evidencia científica señala que la caries dental tiene una prevalencia de moderada a alta en la mayoría de los países latinoamericanos, afectando a diferentes grupos de edad a lo largo de la vida.
En la práctica, esto se refleja en un patrón aún común: muchas personas solo buscan atención dental cuando sienten dolor. El resultado es un ciclo de retraso en la atención, con tratamientos más invasivos y una relación poco frecuente con la prevención.
Sin embargo, este panorama está empezando a cambiar. Impulsada por la búsqueda de experiencias más cómodas y menos invasivas, la odontología preventiva está ganando terreno y reposicionando la profilaxis, la llamada "limpieza", como un momento central en el proceso de atención.
"La idea de que la salud bucal está separada del resto del cuerpo ya no es sostenible. El biofilm oral es uno de los principales desencadenantes de la inflamación en el cuerpo humano, y su control adecuado puede tener un impacto directo en las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y las complicaciones respiratorias", afirma el Dr. Renato Trezza, especialista en odontología estética y líder de opinión en EMS.
Esta conexión cobra aún más relevancia en pacientes con enfermedades crónicas. Según el especialista, existe una relación directa entre la salud bucal y enfermedades como la diabetes y la hipertensión. “Cuando se realiza correctamente, la profilaxis deja de ser un simple procedimiento preventivo y comienza a contribuir al equilibrio del organismo en su conjunto”, explica.
Más que un cambio técnico, se trata también de una transformación en la experiencia del paciente. Los procedimientos que provocan dolor o molestias siguen siendo uno de los principales obstáculos para volver a la consulta y, precisamente por ello, se han replanteado.
En este contexto, los protocolos clínicos más estructurados y basados en la evidencia están ganando terreno, como la Guided Biofilm Therapy (GBT), que propone un enfoque guiado para identificar y eliminar el biofilm. Al visibilizar el problema y trabajar con intervenciones más selectivas, la técnica reduce las molestias y aumenta la previsibilidad del procedimiento.
Este tipo de enfoque, como la TGB, ha contribuido a transformar la profilaxis en un procedimiento más cómodo y predecible, reduciendo las barreras históricas asociadas a las visitas al dentista.
“Cuando el paciente comprende el tratamiento que recibe y tiene una experiencia más tranquila, su percepción cambia. Deja de ver la consulta como algo aislado y empieza a considerar la atención médica como parte de su rutina. Hoy en día, los pacientes no solo buscan tratar problemas, sino también preservar su salud, su calidad de vida y su longevidad”, concluye Trezza.
Este cambio también repercute en el comportamiento a largo plazo. Con una experiencia más accesible y menos invasiva, aumenta la tendencia a regresar regularmente a la consulta, lo que fortalece el vínculo con el profesional y abre la puerta a un enfoque más preventivo.
A pesar de los avances, persiste un desafío: la forma en que se comunica la odontología. «El exceso de términos técnicos puede resultar desalentador. Cuando mostramos de forma sencilla lo que sucede y explicamos que estamos controlando las bacterias que afectan la salud, el paciente comprende y se involucra», concluye.