Salud en Casa.- El consumo de alcohol y drogas en adolescentes es un desafío que requiere una estrategia basada en la comunicación y la anticipación. Según Giovana Hernández, psicóloga de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS), la clave no reside en la prohibición autoritaria, sino en dotar a los hijos de herramientas críticas antes de que se enfrenten a la presión social.
La importancia de la anticipación.
Para la especialista de la UCSS, esperar a que surja el problema es un error. "La prevención efectiva se basa en la anticipación", afirma Hernández, señalando que establecer canales de comunicación tempranos permite que los niños construyan conceptos de autocuidado antes de la adolescencia. Si bien no hay una edad fija, recomienda iniciar conversaciones sobre el cuidado del cuerpo entre los 8 y 10 años, para luego abordar directamente el tema de las drogas de forma informativa al entrar en la pubertad (11-12 años).
Las cifras reflejan una preocupación creciente en los hogares peruanos. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud (MINSA) publicados en el 2025, cerca de seis de cada diez adolescentes entre 12 y 18 años consumen alcohol en el país. A ello se suma un estudio de Devida, del mismo año, que advierte que el inicio en la ingesta de bebidas alcohólicas ocurre, en promedio, a los 13 años.
Errores comunes y cómo construir confianza.
Uno de los obstáculos más frecuentes es la forma en que los padres inician el diálogo. Hernández advierte que "el principal error es recurrir al monólogo moralista, al sermón o basar la estrategia únicamente en el miedo", ya que esto suele cerrar las vías de comunicación y fomentar el secreto.
En su lugar, la experta propone:
El cerebro adolescente y el entorno social.
La preocupación psicológica tiene un sustento biológico crítico. El cerebro adolescente, especialmente la corteza prefrontal (encargada de la toma de decisiones), está aún en desarrollo. El consumo de sustancias interfiere en las conexiones neuronales, afectando la memoria, la atención y la regulación emocional, además de elevar el riesgo de adicciones a futuro.
Este desarrollo se ve amenazado por el entorno. Hernández destaca que las redes sociales y el entorno escolar actúan como "amplificadores de la presión social", transmitiendo la idea distorsionada de que consumir es necesario para pertenecer o alcanzar estatus.
Herramientas para la toma de decisiones,
Para contrarrestar la presión de grupo, los padres deben fortalecer la identidad de sus hijos para que su valor no dependa de la aprobación ajena. La psicóloga sugiere el uso de técnicas de asertividad y juego de roles (role-playing) para que los jóvenes aprendan a decir "no" con firmeza. Estrategias como usar "excusas legítimas" (por ejemplo: "mañana entreno temprano") permiten desviar la atención sin confrontar directamente al grupo.
Señales de alerta y reacción familiar.
Los padres deben estar atentos a cambios drásticos de ánimo, aislamiento inusual, alteraciones en el sueño o alimentación, y un bajón en el rendimiento académico.
En caso de que el adolescente ya haya consumido, la especialista de la UCSS enfatiza que la reacción inicial debe ser de calma. "Nunca se debe confrontar ni sermonear mientras el adolescente esté bajo los efectos de la sustancia". El enfoque posterior debe ser entender la motivación del consumo, reafirmar el amor incondicional y establecer consecuencias que sean formativas y no destructivas, buscando apoyo profesional si es necesario.