Salud en Casa .- El inicio del año escolar es una de las transiciones más importantes para niños y adolescentes. Cambian las rutinas, aumentan las exigencias académicas y se reconfiguran los vínculos sociales. Aunque es normal que se presente ansiedad o estrés en esta etapa, no siempre se trata de “simples nervios”.
“El regreso a clases genera un estrés que, en la mayoría de los casos, es adaptativo: prepara al niño para enfrentar nuevos retos. Sin embargo, debemos observar la intensidad, duración e impacto de ese malestar para saber si estamos ante una situación que requiere atención profesional”, explica la Dra. María Elena Escuza, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Norbert Wiener.
La regla clave: cuándo preocuparse.
La especialista recomienda aplicar la llamada regla de las tres “D” para diferenciar un proceso normal de una señal de riesgo:
En primaria, el estrés suele manifestarse de forma física o conductual, dolor de estómago, irritabilidad o llanto frecuente; mientras que en secundaria aparecen síntomas más emocionales y cognitivos, como pensamientos negativos constantes, insomnio o temor excesivo al fracaso.
Los escolares enfrentan además nuevas fuentes de presión, como la exposición constante en redes sociales, el ciberacoso y altas expectativas familiares. En ese contexto, minimizar sus emociones o centrarse únicamente en las notas puede aumentar la ansiedad en lugar de motivar.
Estrategias prácticas para las primeras semanas
Para facilitar la adaptación, la especialista recomienda:
“El mensaje más importante para los padres es que sus hijos son mucho más que sus calificaciones. La relación y el vínculo seguro que construyan en casa es el principal factor protector de su salud mental”, concluye la psicóloga de la Universidad Norbert Wiener.