Salud en Casa.- El diagnóstico de cáncer en población económicamente activa resalta la importancia del entorno laboral como un factor clave para la recuperación, el bienestar emocional y la continuidad laboral durante y después del tratamiento. Cada vez más personas enfrentan la enfermedad mientras mantienen responsabilidades laborales y familiares, lo que impacta en su salud, su estabilidad económica y social.
A nivel global, se estimó que cerca de 20 millones de nuevos casos de cáncer fueron diagnosticados según GLOBOCAN 2022 de la International Agency for Research on Cancer (IARC) y la American Cancer Society. Aunque la incidencia aumenta con la edad, una proporción sustancial de estos diagnósticos afecta a la población económicamente activa: aproximadamente el 35% de los nuevos casos anuales ocurre en adultos de entre 20 y 64 años, lo que representa a más de 7 millones de personas en plena etapa productiva. Este fenómeno no refleja necesariamente un incremento real en la enfermedad, sino una mayor cultura de prevención y el acceso a tecnologías avanzadas de detección temprana, permitiendo que más trabajadores reciban un diagnóstico en etapas donde la continuidad laboral es aún posible.
Estudios en salud ocupacional y oncología muestran que, cuando las condiciones lo permiten, mantener el vínculo laboral contribuye a la recuperación. Contar con un empleo activo puede reducir el estrés financiero, fortalecer el bienestar emocional y preservar la autonomía y autoestima del paciente. En tal sentido, la Dra. Karina Aliaga, oncóloga y Gerente de Innovación & Research en Pacífico Salud comenta que “el entorno laboral que brinda comprensión y apoyo es determinante para la adherencia al tratamiento y la estabilidad emocional del paciente”.
Sin embargo, la falta de flexibilidad, las jornadas rígidas o la ausencia de protocolos claros pueden obligar a licencias prolongadas o incluso al abandono del empleo, amplificando el impacto de la enfermedad.
Al respecto, la especialista señala que los centros de trabajo pueden desempeñar un rol activo incorporando medidas concretas, como:
· Flexibilidad de horarios y modalidades de trabajo, de acuerdo con la etapa del tratamiento y el estado de salud del trabajador.
· Adecuaciones temporales de funciones, priorizando tareas compatibles con el proceso de recuperación.
· Información clara sobre licencias médicas, derechos laborales y coberturas de salud, para reducir la incertidumbre del paciente.
· Canales de acompañamiento emocional y orientación, tanto para el trabajador como para su entorno cercano.
Más allá de la gradualidad del retorno, la reinserción laboral se beneficia de comunicación abierta con supervisores y compañeros, ajustes temporales en funciones y seguimiento del desempeño, lo que permite mantener la productividad sin comprometer la salud. Contar con protocolos claros y apoyo psicológico favorece tanto al trabajador como al equipo, generando entornos laborales más inclusivos y resilientes.
“Cuando las empresas implementan estrategias concretas de apoyo, como adaptaciones de tareas y acompañamiento emocional, los sobrevivientes del cáncer se sienten más seguros y confiados para reincorporarse, lo que mejora su bienestar y su desempeño laboral”, explica la Dra. Aliaga.
Adoptar políticas que integren la salud como eje central permite a las organizaciones retener talento especializado y desarrollar culturas laborales más inclusivas, resilientes y sostenibles