Salud en Casa.- La relación entre la grasa corporal y el cáncer va más allá de la estética. El tejido adiposo participa en procesos hormonales, metabólicos e inflamatorios que pueden influir en el desarrollo de determinados tumores. Comprender esta conexión es clave para promover una prevención basada en evidencia científica.
Durante mucho tiempo, el exceso de peso se ha asociado principalmente con problemas cardiovasculares, diabetes y otras enfermedades metabólicas. Sin embargo, existe otra relación importante que merece mayor atención y es el exceso de grasa corporal aumenta el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer, entre ellos el cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas.
Después de la menopausia, el tejido adiposo se convierte en una fuente importante de estrógenos, hormonas que participan en distintas funciones del organismo. En determinados tumores mamarios sensibles a estas hormonas, una mayor exposición estrogénica puede favorecer el crecimiento de células tumorales.
Es importante aclarar que el peso corporal no es el único factor implicado y que una persona puede desarrollar cáncer de mama independientemente de su composición corporal.
¿Qué papel cumple la nutrición en la prevención?
La alimentación no puede garantizar que una persona nunca desarrolle cáncer. Sin embargo, forma parte de un conjunto de hábitos que pueden ayudar a reducir el riesgo de determinados tumores y mejorar la salud metabólica.
Una estrategia de prevención no consiste en eliminar un alimento específico ni en seguir dietas restrictivas, sino en construir un patrón de alimentación sostenible y variado. Esto implica priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de fibra; limitar el consumo de carnes procesadas; moderar los alimentos procesados, bebidas gasificadas.
A estas medidas se suma la actividad física regular, que contribuye a la salud metabólica y ayuda a mantener una composición corporal saludable. También es importante evitar el sedentarismo y procurar un descanso adecuado.
Desde la nutrición oncológica, el objetivo no debe centrarse exclusivamente en reducir kilos, sino en promover hábitos que favorezcan la salud a largo plazo. El abordaje debe ser individualizado, considerando la edad, los antecedentes, las condiciones médicas y las necesidades de cada persona.
Prevenir también significa informarse
Hablar de la relación entre la grasa corporal y el cáncer no debe convertirse en una forma de culpabilizar a quienes viven con exceso de peso. El cáncer es una enfermedad compleja y multifactorial, en la que intervienen factores genéticos, ambientales, hormonales y relacionados con el estilo de vida, muchos de los cuales no dependen directamente de la persona.
Por ello la prevención requiere una mirada integral: alimentación equilibrada, actividad física, evitar el tabaco, limitar el alcohol y acudir a los controles médicos y programas de detección correspondientes a la edad y los factores de riesgo.
Comprender que el tejido adiposo participa activamente en el funcionamiento del organismo nos permite mirar la prevención del cáncer desde una perspectiva más amplia. No se trata únicamente de cuánto pesamos, sino de cómo cuidamos nuestra salud a lo largo de la vida.
NUTRICIÓN ONCOLÓGICA
Nutricionista Oncológica Giulianna Saldarriaga
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