Salud en Casa.- En el marco del Día Mundial de Concientización sobre el Linfoma, que se conmemora cada 15 de septiembre, los especialistas hacen un llamado a prestar atención a las señales que el cuerpo envía y a no postergar la consulta médica ante síntomas que se prolongan en el tiempo. El linfoma es un grupo de cánceres de la sangre que se desarrollan en el sistema linfático y que abarca más de 70 subtipos, agrupados en dos grandes categorías: el linfoma de Hodgkin y el linfoma no Hodgkin, este último significativamente más frecuente. A pesar de su prevalencia, muchos de sus síntomas iniciales pasan desapercibidos porque se confunden con afecciones comunes como infecciones, estrés o cansancio, lo que puede retrasar el diagnóstico.
"Uno de los signos iniciales más comunes es la inflamación indolora de los ganglios linfáticos en el cuello, las axilas o la ingle. Otros síntomas pueden incluir fatiga persistente, pérdida de peso inexplicable, fiebre, sudoraciones nocturnas profusas o dificultad para respirar. Como muchos de estos síntomas se parecen a los de afecciones menos graves, algunas personas los ignoran, pero quienes los experimenten de forma persistente durante más de unas semanas deben buscar una evaluación médica", afirma la Dr. Chieh-Lin Fu, oncóloga de Cleveland Clinic.
El diagnóstico temprano permite que los pacientes reciban una evaluación oportuna y el tratamiento adecuado antes de que la enfermedad avance. Aunque los resultados dependen de factores como el subtipo y la etapa del linfoma, una identificación temprana ayuda a los médicos a desarrollar el plan de tratamiento más eficaz y puede aumentar la probabilidad de lograr la remisión. Según Cleveland Clinic, la tasa de supervivencia relativa a cinco años es de aproximadamente 89% para el linfoma de Hodgkin y 74% para el linfoma no Hodgkin, cifras que consideran todas las etapas de la enfermedad en conjunto.
Los avances en medicina de precisión han ampliado las opciones de tratamiento más allá de la quimioterapia y la radioterapia tradicionales. Hoy los pacientes pueden beneficiarse de terapias dirigidas, inmunoterapias, trasplante de células madre y ensayos clínicos con tratamientos innovadores. La inmunoterapia, en particular, se ha convertido en uno de los avances más importantes en la atención del linfoma.
"Tratamientos como la terapia con células CAR T, que modifica las propias células inmunitarias del paciente para que reconozcan y ataquen las células del linfoma, y los anticuerpos biespecíficos, han transformado el panorama terapéutico. Para algunos pacientes con linfoma en recaída o refractario, estas terapias innovadoras han logrado remisiones profundas y duraderas, ofreciendo una nueva esperanza cuando los tratamientos convencionales dejan de funcionar", explicó.
Los especialistas recuerdan que la evaluación médica es fundamental cuando los síntomas persisten. El diagnóstico suele comenzar con un examen físico y una revisión de los síntomas, al que pueden sumarse análisis de sangre, estudios por imágenes como tomografías computarizadas (CT) o tomografías por emisión de positrones (PET o PET-CT) y una biopsia de un ganglio linfático afectado. Estas pruebas ayudan a confirmar el diagnóstico y a determinar la extensión de la enfermedad.